miércoles, 15 de febrero de 2017

Di´arina y de Maíz Más del Ecocidio


Arturo CEJA ARELLANO


La tala de árboles en lugares donde sus ramas no afectan viviendas, y no existen cables conductores de energía eléctrica, ¡es criminal! ¡horrible! ¡malvada! ¡sin nombre!, porque asestan duro golpe a grupos ecologistas, a gente que realmente sí ama la naturaleza y que dedicó parte de su tiempo en cavar hoyos, plantar arbolitos y darles su primer sorbo de agua, cargándola en cubetas o garrafones, transpirando sudor y sufriendo cansancio.




Se echa abajo una muy buena intención, como el permitir que surja el cambio climático negativo y conservar el positivo. Habrá que recordar que los árboles, son los que conservan la humedad y al evaporar ésta forman nubes y surgen las precipitaciones pluviales.

La humedad de los bosques permite el escurrimiento de agua y la formación de riachuelos que, al concentrarse, dan paso a los ríos y éstos a las lagunas.
         

Jacona es un municipio privilegiado, porque tales escurrimientos de agua procedentes de bosques de la Meseta P´urhépecha, dan paso a brotes, que aquí forman manantiales como: la Presa Verduzco o de La Luz; Orandino, La Estancia, El Santo Entierro, Trasierra, El Bosque, Quinta Plancarte, nomás por mencionarles algunos; siendo punto de partida del Río Celio, que se conecta con el Río Nuevo, o Río Zapadores; y éste finalmente llega a la Laguna de Chapala, la más grande del país.


Todo mundo sabe (menos el que ordenó la tala de los árboles en la Presa de La Luz), que éstos coadyuvan en la conservación y mejoramiento del medio ambiente; y que dan sombra y frescura a la gente que, principalmente en épocas de calor, va en busca de ellos, disfrutando gratis, o pagando por el esfuerzo que otras personas hicieron.


En esos árboles masacrados, ecologistas y autoridades en turno se tomaron la foto cuando los plantaron. Me hubiera gustado ahora, que quien ordenó su tala se hubiera tomado también la foto, destruyéndolos, para que también quedara asentado en los anales de la historia.


A Jacona le llega también el agua procedente del manantial o canal “del Seis”, procedente de la Tenencia de El Platanal. Es municipio que, junto con Tangancícuaro, son los más favorecidos por la madre naturaleza, al contar con manantiales y yacimientos de agua a granel; por eso no me explicó el porqué de tanta ambición al no permitir que Zamora tome un poco de líquido para que también puedan disfrutar del preciado líquido de calidad que tanta falta les hace.


Y habrá que recordar que el Río Duero nace en Carapan; y que en la Cañada de los Once Pueblos existen escurrimientos de agua muy importantes; sólo que al llegar a Zamora lo hace mezclada con la criminal contaminación de la mano del hombre y la mujer.


En Zamora termina el Río Duero, porque éste cruzaba donde ahora se encuentra el Hotel Fénix; lugar donde iniciaba el  municipio de Jacona, pueblo al que se despojó de terreno hasta donde se construyó el Río Zapadores, llamado también Río Nuevo. Y al parecer nadie protestó, ningún jaconense defendió lo suyo en aquella ocasión. Después de Zamora, vuelve a ser Río Duero, hasta descargar en Chapala.


Y como lo comentaron ayer, ojalá que quien ordenó la destrucción de los árboles en la Presa de La Luz, ordene ahora la plantación de por lo menos igual número de arbolitos, para que dentro de diez años se recupere la sombra y frescura que ofrecían.


Qué extraño que ahora los grupos ecologistas estén guardando tanto silencio en relación a éste ecocidio; en torno a ésta masacre, lo que a mi juicio, los convierte también en cómplices. Es aquí donde los quiero ver, defendiendo su obra, ahora criminalmente destruida.


         ¡Ah! ¿Y los medios de comunicación, qué?

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